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Babelia
Sábado, 19 de junio de 2021

Más rápido, más alto, más libros

Álex Vicente

Más rápido, más alto, más libros

A pocos días del inicio de los Juegos de Tokio, las novedades editoriales relacionadas con las disciplinas olímpicas se acumulan en las librerías, recogiendo la antorcha de la mejor tradición del periodismo deportivo. Nada en ese ámbito informativo supera a los Juegos Olímpicos “en mística y magnitud”, como escribe Santiago Segurola, una firma insigne en la materia, que se pregunta en nuestro artículo de portada, parafraseando a Raymond Carver, de qué escribimos cuando escribimos de competiciones y plusmarcas. Concluye que hablamos de emoción, de asombro y de épica, palabra indisociable del vocabulario olímpico, pero también del contexto social en el que tienen lugar. Recordamos tanto a los campeones que han marcado la historia de los Juegos, de Jesse Owens a Nadia Comaneci, como los acontecimientos políticos que los rodeaban. Basta con recordar la apoteosis nazi de Berlín 1936, el Black Power en México 1968, el asesinato de los deportistas israelíes en Múnich 1972, el boicot soviético en Los Ángeles 1984 o el relato de progreso y modernidad que, con sus luces y sombras, quiso transmitir Barcelona 1992.

Tokio no será una excepción a esa regla. Más bien al revés: en esta ocasión, el contexto pandémico asoma por encima de la propia competición. No llegarán al nivel del escatón, el deporte ficticio, entre el tenis y la guerra abierta, que inventó David Foster Wallace en La broma infinita, ni a los combates en gravedad cero de los libros de Orson Scott Card, pero estos podrían ser unos Juegos dignos de la ciencia-ficción más distópica. Transcurrirán en estadios sin público, con los deportistas sometidos a controles permanentes, en medio de un clima de inquietud creciente y en fechas que vulneran, por primera vez, el ciclo cuatrienal instaurado en 1896. Para completar nuestro tema de portada, proponemos una lista de lecturas olímpicas, en un momento en que las editoriales apuestan con fuerza por los libros que se acercan al mundo del deporte, subgénero que ha dejado de ser de nicho, y otra selección de lecturas sobre otro fenómeno editorial reciente: las abundantes novedades sobre Japón y su cultura.

Palabras clave

Memorias. Knausgård no fue el primer escandinavo que se abrió en canal por vía literaria. Nuestro libro de la semana es la Trilogía de Copenhague, las hipnóticas memorias de Tove Ditlevsen, poeta y novelista muy conocida en su país, Dinamarca, pero bastante menos en España, donde Seix Barral acaba de recuperar en un solo volumen los tres tomos que las constituían (Infancia, Juventud y… Dependencia). Elvira Lindo firma la crítica del libro de Ditlevsen, “flor de barrio” y “criatura del pueblo”. En ella elogia la prosa “descarnada y bella en su falta de retórica” de las memorias “macabras, irónicas y dolorosamente verdaderas” de una escritora con una vida singular y trágica, a la que puso fin suicidándose en 1976.

Risa. El crítico y teórico de la literatura Terry Eagleton firma con Humor (Taurus) un estudio sobre la naturaleza de la comicidad en la tradición occidental, que describe como mecanismo de alivio y aceptación de la incongruencia vital en un libro por el que transitan Marx, Hegel y Brecht, Bajtín y su teoría del carnaval, Bergson, Hobbes, Swift y Shaftesbury, entre muchos otros. “Quien no haya leído libros sobre humor debe leer este. Quien lo haya hecho, también: volverá a leerlos de otra forma”, sostiene esta crítica de Ramón del Castillo, filósofo y profesor de estudios culturales.

Sanación. Dos nuevos libros se acercan a la figura de Shostakóvich, compositor trascendental, icono de la lucha contra la barbarie nazi con su Séptima sinfonía y al que Stalin trató como un enemigo público tras el estreno de su Lady Macbeth de Mtsensk, entre otras proezas vitales. En Cómo Shostakóvch me salvó la vida (Antoni Bosch) Stephen Johnson relata cómo encontró en sus conciertos y canciones un medicamento ideal para superar los tres diagnósticos de trastorno bipolar que lo habían colocado al borde del suicidio. Mientras, La música bajo el terror (PUZ) propone, por primera vez en español, la edición completa de las cartas del compositor a su amigo y mentor Sollertinski.

Cuerpos. Por último, entrevistamos al coreógrafo británico Wayne McGregor, figura fundamental de la escena contemporánea y nuevo director artístico de la Bienal de Danza de Venecia, que se inaugura el 23 de julio con una edición centrada en los grandes debates sociales de la actualidad, de la ecología al género y el multiculturalismo. “Disfruto encontrando problemas para que los cuerpos los resuelvan y me maravilla el increíble instrumento tecnológico que es el cuerpo humano”, afirma McGregor, que añade que la «escena fría» del streaming ha sido esencial para nuestro bienestar emocional durante los últimos meses, pero que nada puede superar “el poder de la danza en directo, de bailar y de vivir en vivo”. Desde aquí, lo suscribimos.

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