Esta semana en Babelia: la cultura del ‘playback’

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La resurrección del ‘playback’

Por Javier Rodríguez Marcos

El playback ya salía en la Biblia. No lo creen, ¿verdad? Gentes de poca fe. Dado que estamos en Semana Santa, acudamos a los Evangelios, concretamente a Mateo, 21. La parábola de los labradores malvados, que termina con un estupendo aforismo de Jesucristo: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular”. ¿Lo ven? Ahí estaba el playback. Desdeñado durante décadas, era una técnica que se escondía, se negaba o se disimulaba porque era el diabólico símbolo de una industria cultural sintética y mercantil, en los antípodas del arte de verdad.

De un tiempo a esta parte, el llamado lipsync -sincronización de los labios- se exhibe abiertamente, con orgullo. Los jóvenes lo han convertido en un rasgo distintivo, igual que otras generaciones escogieron un estilo musical o una forma de vestir. Este cambio de percepción se materializa a través de varios fenómenos actuales: el imperio millonario erigido por la plataforma TikTok, que cuenta con todo un Olimpo de jóvenes que se han hecho ricos solo por hacer mímica con los labios; los distintos concursos televisivos con música pregrabada o la importancia del playback en la cultura drag, que protagoniza un boom que la ha hecho pasar de la marginalidad a los escenarios para todos los públicos. Ese cambio de estatus lo simboliza el exitoso programa televisivo de RuPaul, cuya versión española, impulsada por Atresmedia y con los Javis en el jurado, se estrena esta primavera.

Apoyándose en las opiniones de varios especialistas, Álex Vicente firma nuestro reportaje de portada, que propone además un riguroso análisis del fenómeno y un recorrido histórico por el playback.

Aviso: novelista de culto vende un millón de libros (y lo entrevistamos). El novelista se llama Hervé Le Tellier y forma parte del famoso Taller de Literatura Potencial (Oulipo) del que formaron parte Italo Calvino y Georges Perec. Hasta hace unos meses era, pues, un escritor para escritores empeñado que el juego de la literatura es una cosa muy seria que “aboca a cuestiones esenciales”. Ahora lo sigue pensando, pero ha convencido a casi un millón de lectores en su país. ¿Cómo? Con la novela La anomalía, que ganó el último premio Goncourt y acaba de ser publicada en castellano por Seix Barral y por Edicions 62 en catalán. Como la trama del libro habla de universos paralelos, Marc Bassets le pregunta en París si cree que alguna vez nos pasará algo parecido. Su respuesta es, como su novela, inquietante: “Los ordenadores, un día u otro, reproducirán el cerebro de un humano, es una cuestión de potencia. Y por este motivo algún día llegarán a reproducir el cerebro de mil millones de humanos”. Es posible que, para entonces, parte de esos mil millones haya leído La anomalía.

Pilla el dinero y corre (y otros consejos de Delibes a Umbral). La semana que viene llega a las librerías la correspondencia entre Miguel Delibes y Francisco Umbral, amigos desde los tiempos en que uno era director de El Norte de Castilla y el otro, un joven y prometedor periodista. A pesar de que el segundo se fue a Madrid para hacer carrera literaria, nunca dejaron de escribirse. El resultado son casi 300 cartas que ahora engrosan el volumen titulado La amistad de dos gigantes. Sus páginas recorren medio siglo de historia de la literatura española contada por dos de sus protagonistas (de la RAE a los premios pasando por los bailes editoriales). Con todo, lo más valioso son los crudos comentarios que ambos corresponsales se hacen mutuamente a medida que van publicando sus libros. Sin desdeñar, claro, las malicias de Umbral sobre Cela, Vargas Llosa o Benet o los consejos de Delibes a su ambicioso discípulo. Como el que le da cuando el fundador de Planeta le ofrece el premio gordo de la editorial: “Amarra a Lara para el premio (o casi), dale ese libro y luego vete con Destino. El millón está bien, y la propaganda que conlleva, pero la editorial (aunque vende) merece poco crédito”.

Nuestra sección de libros se completa con las novedades de Avni Doshi (Azúcar quemado), Isabela Figueiredo (Cuaderno de memorias coloniales), Miguel Ángel Villena (con su biografía de Luis García Berlanga galardonada con el premio Comillas), Felipe Benítez Reyes (con la novela La conspiración de los conspiranoicos), Johannes Anyru (Se ahogarán en las lágrimas de sus madres) y un repaso del historiador Jordi Canal a varios libros publicados para conmemorar el bicentenario del Trienio liberal, que, entre 1820 y 1823, supuso una grieta en el absolutismo de Fernando VII.

La gran pintora de Nueva York se llamaba Alice Neel. “En el espacio comprendido entre el bohemio Greenwich Village, el Harlem latino y el más establecido Upper West Side, Alice Neel (1900-1984) logró radiografiar los afanes y los anhelos de todo Nueva York sin necesidad de pintar un solo rascacielos. Neel retrató la presencia anímica de sus vecinos o amantes, pero también el aliento de una sociedad abonada a las metamorfosis. Fue compañera de viaje de la lucha obrera en la Gran Depresión, del empoderamiento de las mujeres y luego el de la comunidad LGTBI, de la tímida epifanía de los migrantes. También testigo de ciclos de violencia y sangre y del triunfo de los derechos civiles. Siempre a la izquierda —a veces peligrosamente, como cuando en 1935 retrató a Pat Whalen, líder comunista y sindical, en un país que no tardaría en arrastrar los pies bajo el macartismo—, murió en el Nueva York de principios de los ochenta, cuando el sida empezaba a hacer estragos en sus calles y entre algunos de sus modelos pictóricos”. Así comienza la vibrante crónica de María Antonia Sánchez-Vallejo sobre la retrospectiva que el Metropolitan dedica a una de las retratistas más importantes de la pintura estadounidense del siglo XX. Lo que sigue está a esa altura.

¿Por qué escribir sobre tu padre y tu madre? Eso se pregunta la novelista Karmele Jaio en nuestra tribuna libre. Una de sus respuestas: por sentimiento de culpa. Pero no solo. Por su parte, Antonio Muñoz Molina se ocupa en su crónica semanal de la necesidad de que la vida siga cuando la crispación se obstina en introducir el caos en la vida cotidiana. Por eso considera ejemplar la respuesta que la compañía de Ingmar Bergman dio al asesinato de Olof Palme. Finalmente, El Roto se somete a nuestro cuestionario de En Pocas Palabras. En él explica cuáles son las fronteras que un dibujante de humor no debe cruzar nunca. Puro Roto.

El 'playback' levanta la voz
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